"¿Cuánto cuesta un vídeo de boda?" es casi siempre la primera pregunta que me hacen — y si estáis organizando una boda en Italia desde España o desde América Latina, comparar presupuestos por correo lo hace aún más difícil. Dos videógrafos pueden pedir cifras separadas por miles de euros para lo que parece el mismo servicio. Después de catorce años y más de quinientas bodas, os puedo decir esto: las parejas casi nunca se arrepienten de lo que pagaron. Se arrepienten de lo que no preguntaron antes de firmar.

De qué depende realmente el precio

Un vídeo de boda no es un producto de estantería: el precio sigue decisiones muy concretas. La primera es la duración de la cobertura. Filmar solo la ceremonia es un trabajo; acompañar el día entero — desde los preparativos de la novia por la mañana hasta los últimos bailes — es otro. Cada hora extra no es solo presencia: es más material que rodar, sincronizar, escuchar y montar en las semanas siguientes.

La segunda es el número de operadores. Un videógrafo experto puede cubrir bien un evento, pero hay momentos que, físicamente, una sola persona no puede contar por completo. Mientras estoy en casa de la novia durante los preparativos, ¿quién filma al novio esperando en la iglesia, los apretones de manos, las bromas nerviosas con los testigos? Un segundo operador tiene un coste — pero es la diferencia entre un día documentado y un día contado entero.

Luego están las herramientas y competencias específicas: el dron (equipo dedicado, formación y, en ciertas localizaciones italianas, permisos de vuelo), el audio en directo — micrófonos en el novio, en el celebrante, cerca de los discursos, para volver a escuchar vuestras promesas palabra por palabra — y el Same Day Edit, el tráiler montado y proyectado la misma noche ante vuestros invitados: uno de los servicios más emocionantes de vivir y más exigentes de realizar.

El montaje: la partida invisible del presupuesto

La partida que más pesa casi nunca aparece escrita: el montaje. Una película de 15–20 minutos nace de muchas horas de material multicámara. En mi método, sobrevive a la selección más o menos un clip de cada tres — y los supervivientes casi siempre se recortan otra vez. Son semanas de trabajo, no horas. Cuando comparáis dos presupuestos, estáis comparando también esto: cuánto tiempo dedicará esa persona a vuestra película después de que se apaguen las luces de la fiesta.

El precio "barato" siempre esconde un coste

Un presupuesto muy inferior a los demás nunca es un golpe de suerte: casi siempre es una decisión técnica que nadie os contó. A menudo significa sin segundo operador — momentos perdidos para siempre. O un audio sin cuidar, con las promesas que suenan lejanas y turbias. O música sin licencia, que puede hacer que bloqueen vuestro propio vídeo justo en las plataformas donde querríais compartirlo. Si un número parece demasiado bueno para ser verdad, lo es.

Organizando desde el extranjero: tres preguntas extra

A las parejas que se casan en Italia desde fuera les sugiero añadir estas preguntas: ¿el desplazamiento hasta el lugar está incluido o se factura aparte? ¿El contrato estará disponible en un idioma que entendéis, con plazos de entrega claros? ¿Y recibiréis la película en calidad completa, para verla en cualquier parte del mundo? Un profesional responde a las tres por escrito y sin dudar. Eso, más que cualquier cifra, es lo que estáis eligiendo de verdad. Si estáis planeando vuestra boda en Italia desde el extranjero, he escrito más sobre cómo trabajo con parejas en esa misma situación en la página de destination weddings.

En esta web no encontraréis una lista de precios — porque no vendo paquetes de estantería. Contadme cómo imagináis vuestro día y os responderé con un presupuesto donde cada línea tiene un porqué. Si antes queréis conocer mi manera de trabajar, echad un vistazo al portfolio.

“Vuestro día merece una película, no un simple vídeo.”

Contadme vuestra boda en Italia — consultad mi disponibilidad