«No busco la perfección técnica por sí misma. Busco esa fracción de segundo en la que las emociones se vuelven eternas.»
Soy Giuseppe Cimino. Mis orígenes son napolitanos, pero mi corazón late en Reggio Calabria, entre la belleza del estrecho de Mesina y una cultura que rebosa historia. No soy solo un videógrafo: soy un observador silencioso que transforma vuestro día más importante en un legado visual para custodiar toda la vida.
Todo empezó con una sencilla cámara MiniDV. Mientras los demás jugaban, yo pasaba los días inmortalizando recuerdos familiares, fiestas e instantes de vida irrepetibles. Ya entonces sentía la urgencia de detener el tiempo.
Aquella pasión infantil se convirtió en una obsesión profesional en 2012. Ya no me bastaba con «documentar»: quería contar historias. Comencé así un camino de búsqueda estética que me llevó a transformar la técnica en arte, llegando a documentar eventos únicos como la entrada del tatuaje en el arte contemporáneo en la Bienal de Venecia (2017).
El talento se cultiva con el intercambio. A lo largo de mi carrera, la Asociación Nacional de Videógrafos (ANV) ha sido fundamental para mi crecimiento profesional.
He tenido la suerte de aprender de grandes maestros como Demetrio Caracciolo y el equipo Evergreen Videografi. Pero el encuentro que más ha influido en mi visión cinematográfica actual fue el de Alejandro Calore.
Gracias a ellos, transformé la técnica en lenguaje emocional.
Odio las poses forzadas. Odio interrumpir un abrazo para decir «repetidlo para la cámara». Mi enfoque es documental y empático: quiero ser un amigo presente pero discreto, capaz de capturar la espontaneidad.
Cada temporada el vídeo de boda se inventa una moda nueva: un color que copian todos, una transición que usan todos, un movimiento de dron que sorprendía una vez y ahora está en uno de cada dos vídeos. Tres años después esas películas parecen viejas, y lo extraño es que las personas que hay dentro no han envejecido nada: solo ha envejecido la moda que las envolvía. Yo no sigo la moda, sigo la emoción, y la emoción no pasa de moda.
Cuando volváis a ver vuestra película dentro de veinte años, no deberéis recordar a un videógrafo dando órdenes. Deberéis revivir exactamente la emoción que sentíais en ese preciso instante.
El arte siempre recompensa. La dedicación a contar historias únicas me ha llevado a escenarios internacionales, con reconocimientos que certifican la calidad de mi trabajo más allá de las palabras:
Cada premio no es una meta, sino la confirmación de que el camino de la emoción es el correcto.